Carmen Razo

 

Las dimensiones de la luz

La obra de la maestra Carmen Razo tiene como eje las posibilidades lo lumínico, el desdoblamiento de la luz en términos físicos, imágenes y formas que nos evocan espacios arquitectónicos y juegos visuales con los constructos cartográficos que nos podrían hablar de una poética de lo urbano, hasta un ludismo inmediato con la iconografía de la capital de México.

 

Sin embargo, esa es una mirada, digamos hasta cierto punto superficial, habrá que mirar más de cerca la fascinación de Razo por la figura geométrica del icosaedro que es, por definición, un poliedro regular con triángulos equiláteros como caras y donde todos los vértices reciben 5 aristas; es reunión de un antiprisma pentagonal regular con dos pirámides pentagonales regulares con 12 vértices dirían los entendidos en geometría, pero que en términos generales se puede ejemplificar con un cristal de luz o hasta con una pelota de cuero usada para el futbol. Sin embargo, abra que puntualizar que es el cristal de luz una de las finuras que fija su atención y que ocupa su imaginario y se convierte en vértice de sus reflexiones.

Habrá que detenerse en otro punto toral en la obra de Razo, y eso es la técnica, las diversas incursiones en la distención de los límites de la gráfica en su obra, sus incursiones en las diversas técnicas de la estampa le confieren a su trabajo una soltura y solvencia basta y suficiente para llevar sus búsquedas a considerar las formas tridimensionales y la gráfica digital, como formas de solución, las cuales nos hablan de una factura más allá del constructo histórico y nos llevan al arte contemporáneo, es decir, la forma geométrica, la descomposición de la luz, la yuxtaposición, los espacios arquitectónicos y por supuesto la incursión de Razo en lo fotográfico, así como su despliegue en el conocimiento tradicional de la gráfica y su profundo conocimiento de los resultados del estampado, son elementos que no debemos de dejar del lado al analizar lo hecho por Carmen en los últimos cinco años, de lo cual hay que hablar, es una exponente de la xilografía que se tiene que tomar en serio dado su profundo conocimiento y trabajo desempeñado en todo este tiempo.

La obra que nos ocupa tiene como referente epistémico la investigación científica, a primera vista su lenguaje quizá nos parezca inconexo, sin embargo no es así, las artes visuales tiene como una de sus materias sustantivas la luz, en ella descansa la posibilidad de la percepción. Por otra parte, es uno de los patrones desarrollados por medio del reflejo y de la repetición constante de la forma que en el caso de los cristales y espejos son posibilidades infinitas. Así Carmen plantea una búsqueda de algo inmaterial pero siempre presente en el reflejo, la multirepresentación es la infinita presencia de los constructos lumínicos que sustentan las estructuras visuales.

Y así mismo, no se puede pasar por alto su mirada curiosa, fascinada por la luz y que de ella hace depender el sin fin de formas geométricas que se desprenden del reflejo en su obra, diríamos en una licencia poética, el rayo de luz que se desprende de la transparencia. La luz misma. En el grabado no es fácil encontrar una mirada que busque cualidades pictóricas en su obra en términos procesuales, lo más común es que se haga en monotipo como solución de ésta, sin embargo aprovechando la mirada ya poco ingenua y diestra en las tecnologías nuevas, Carmen pone a éstas mediante la investigación a la búsqueda de la más adecuada para sus necesidades, de ahí que sea su incursión tan equidistante en las técnicas gráficas absolutamente necesaria para darle soporte a su imagen mental. La imagen de la gráfica tridimensional en la que incurre Carmen nos lleva a conocer una neocartografía dibujada en no sólo sus posibilidades constructivas si no también emocionales, hay en esta reconstrucción o deconstrucción del mapa de la ciudad una necesidad de metaforizar el discurso de la polivalencia y aglutinación de los espacios que la ciudad posee. No hay arriba o abajo somos un cristal. Así de complejo. Así de fascinante y lumínico.

Jaime Tamayo
Julio de 2013.